QUE EL EJERCICIO FISICO TE ACOMPAÑE

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martes, 30 de noviembre de 2010

La grasa visceral es el tejido más afectado por el esfuerzo constante del deportista

La grasa visceral es el tejido más afectado por el esfuerzo constante del deportista

Empleando una unidad móvil de resonancia magnética, los investigadores Jürgen Machann y Christian Billich siguieron durante dos meses y unos 4.500 kilómetros a los participantes de una carrera de larga distancia.

Los resultados se han presentado en la reunión anual de la Radiological Society of North America.La TransEurope-FootRace 2009 se desarrolló desde abril a junio, partiendo del sur de Italia hasta Cabo Norte, en Noruega, a lo largo de 4.488 kilómetros de recorrido.

Diariamente se recogieron muestras de sangre, orina y otros medidores biométricos, con otras pruebas aleatorias como elctrocardiogramas. Cada 3 ó 4 días, 22 corredores se sometían a una resonancia magnética de cuerpo entero, unos 17 en total. Estas resonancias permitieron evaluar cambios en el tejido muscular, adiposo y cartilaginoso.

Los corredores perdieron un 5,4 por ciento de volumen de media, en los primeros 2.000 kilómetros. Perdieron también un 40 por ciento de grasa en la primera mitad de la carrera y un 50 por ciento en total.
La pérdida de músculo se estimó en un 7 por ciento, por la enorme cantidad de energía consumida.

Otro importante hallazgo es que el primer tejido afectado por el esfuerzo es la grasa, especialmente la visceral, la más propensa a causar complicaciones cardíacas posteriormente. La mayor pérdida de grasa se concentra en las primeras etapas. Esto confirma que la práctica continuada de ejercicio reduce su presencia.

La actividad física ligera puede prevenir osteoartritis


Gente con riesgo de sufrir osteoartritis puede reducir e incluso evitar su incidencia con simples cambios en su actividad física, según un estudio de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) que se ha hecho público en la reunión anual de la Radiological Society of North America.

Thomas Link, coautor y profesor de radiología en la UCSF, afirma que "si bien realizar una actividad de gran impacto físico, como correr más de una hora durante más de tres días a la semana, puede provocar un mayor riesgo de sufrir osteoartritis y daños en los cartílagos, practicar un ejercicio ligero y evitar actividades que requieran doblar las rodillas con frecuencia, puede proteger de esas complicaciones".

Los autores seleccionaron a 132 participantes asintomáticos con riesgo de desarrollar osteoartritis en las rodillas, de entre 45 y 55 años. Fueron separados en tres niveles de ejercicios según sus resultados en la Escala de Actividad Física para Mayores. Los niveles son: sedentarismo, ejercicio ligero y ejercicio medio/fuerte.

Las resonancias magnéticas revelaron que aquéllos con los cartílagos más sanos eran los sometidos a ejercicios ligeros. Además, actividades que requieren doblar las rodillas con frecuencia, como levantar pesos, subir escaleras o arrodillarse, durante más de media hora, aumentan los problemas de cartílago.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Ficha para la actuacion en el proyecto PONTE EN MARCHA, PIERDE PESO Y GANA SALUD

DATOS ANTROPOMÉTRICOS y RECOMENDACIONES (organizados por fecha)=

PAUTA DIETÉTICA:

OBJETIVOS:

FECHA:

Parámetros a registrar=

Edad:
Peso:
Talla:
I.M.C.:

Glucosa:
Colesterol:
Ácido Úrico:

T Arterial:
P Cintura:

Ejercicio (horas semanales)=
Moderado:
Leve:

Antecedentes personales y familiares:

Medicamentos Enfermedades crónicas:

Alergias:

Horario y lugar de comidas
Quien cocina:
Trabajo:
Alcohol:
Tabaco:
Preferencias:
Aversiones:
Recuerdo 24 h/:

Frecuencias/alimentos:

que pica/horas críticas:

domingo, 21 de noviembre de 2010

Todo empieza en el útero según la alimentación de la madre

Todo empieza en el útero según la alimentación de la madre
El PAIS LUIS MIGUEL ARIZA 21/11/2010
A principios de 1980, un epidemiólogo británico llamado David Barker, que investigaba en la Universidad de Southampton (Reino Unido), se enfrentó a un enigma después de elaborar un voluminoso mapa que recogía minuciosamente las causas de muerte en varias partes de Inglaterra y Gales. Barker estudiaba la incidencia de infartos y enfermedades del corazón entre 1968 y 1978, la mayor causa de muerte en los países ricos e industrializados, donde los alimentos ricos en calorías fluyen abundantemente como maná. Los datos reflejaron justamente lo contrario: en las zonas más pobres de Inglaterra, el norte y el este, la gente moría más frecuentemente por culpa de un ataque al corazón o un fallo cardiovascular, mientras que en las más adineradas y prósperas, el este y el sur, la incidencia de ataques al corazón era mucho más baja.

Los datos estadísticos contradecían el sentido común. Las patologías del corazón se han ligado al exceso, la falta de ejercicio y las dietas super-calóricas abundantes en grasas, propias de los países ricos. "Hicimos ese mapa de Inglaterra y Gales porque estábamos interesados en explorar esta paradoja", relata Barker a El País Semanal. "Mientras las enfermedades coronarias aumentan a medida que las naciones se hacen más prósperas, la incidencia de estas enfermedades resultaba más alta entre la gente pobre".

Barker encontró una relación entre el bajo peso al nacer y la hipertensión y enfermedades cardiovasculares cuando llegaban a adultos
Los fetos reciben señales a través de sus madres, y esto establece la biología del bebé a partir de la predicción del mundo en el que va a vivir
La buena noticia: es más fácil influir en el riesgo de enfermedades vasculares durante la vida adulta

"Barker encontró que existía una relación entre el bajo peso al nacer y la hipertensión y enfermedades cardiovasculares, y más tarde, algunas formas de diabetes cuando ya eran adultos", explica el profesor y epidemiólogo Mark Hanson, de la Universidad de Southampton. En concreto, los hombres que pesaron apenas 2,5 kilos al nacer o menos constituían el grupo de más riesgo. Tenían entre dos y tres veces más probabilidades de sufrir un infarto, hipertensión, diabetes o el síndrome de resistencia a la insulina (dificulta metabolizar bien la glucosa).

Cuando Barker volvió a publicar en 1989 en The Lancet su hipótesis de que los acontecimientos durante la gestación producen una especie de imprimación al feto que le predispone a sufrir patologías en la vida adulta -sustentada por una estadística fiable-, muchos se enojaron. Si una mujer occidental y embarazada come incorrectamente o se encuentra bajo estrés, el feto interpreta a través de la madre -y de forma equivocada- un mundo exterior en el que hay escasez de alimentos y reprograma su metabolismo para adaptarse a ese futuro. El feto puede desarrollar una resistencia a la insulina que le facilita acumular más grasas en tiempos difíciles. El niño nace con un peso por debajo de lo normal, pero en un mundo en el que sobran las calorías y con el programa equivocado.

A partir de los dos años corre riesgo de ganar peso, y si eso sucede, sufrirá con mucha mayor probabilidad una enfermedad cardiovascular, o se hará diabético, o hipertenso. Todo por culpa de su exposición como feto mientras estaba en el vientre de su madre.
El último comentario lo ha publicado la ginecóloga Laura Schulz, de la Universidad de Misuri, en la revista Proceedings of The National Academy of Sciences de EE UU el pasado septiembre. Schulz hace referencia a un estudio llevado a cabo en mujeres cuyos embarazos transcurrieron entre el invierno de 1944 y la primavera de 1945 en Holanda, aún bajo la ocupación alemana, y que sufrieron la hambruna holandesa, poco antes del final de la guerra, tras el desembarco de los aliados en Normandía. La hambruna afectó a todas las clases sociales, y la gente tuvo que sobrevivir con lo que obtenía del campo. Las mujeres embarazadas tuvieron que apañárselas con una ración diaria que oscilaba entre las 400 y las 800 calorías. Esta situación ofreció a los investigadores un experimento social y humano de dimensiones trágicas, pero a una escala que permitía poner a prueba la tesis de Barker.

Hanson habla aquí de un nuevo concepto médico, siempre en este contexto, en inglés mismatch, que podría traducirse como grado de error en la predicción. El feto predice un mundo malnutrido y se equivoca cuando nace en un ambiente lleno de recursos, y el grado de error es mayor. En el caso de los que nacieron después de la hambruna holandesa, sus "predicciones" resultaron erróneas.

Poco después, la población retornó a la normalidad. Sin embargo, las madres embarazadas que tuvieron que soportar la falta de alimentos durante el asedio de Leningrado tuvieron que sobrevivir posteriormente en un futuro de escasez crónica. Sus retoños, expuestos a esta malnutrición, no desarrollaron índices mayores de obesidad y problemas cardiovasculares en la vida adulta.

Los estudios epidemiológicos están encontrando algunas conexiones interesantes con el cáncer. En mujeres, la incidencia de cáncer de ovario y de mama podría estar relacionada con el hecho de tener una madre con caderas anchas y niveles excesivos de estrógenos, la hormona que juega un papel esencial para formar los huesos de la cadera. Investigadores fineses han encontrado que las mujeres que nacieron con sobrepeso y que procedían de madres con caderas más anchas tienen más riesgo de sufrir un cáncer de mama, quizá por una excesiva exposición del feto a niveles altos de estrógenos. E igualmente, si esto ocurre durante los tres primeros meses de la gestación, la incidencia de cáncer testicular en hombres parece que aumenta en la vida adulta.

Por otra parte, los recién nacidos con un peso más bajo lo hacen con un número de nefronas tres veces inferior a lo normal. Las nefronas son las unidades individuales de los riñones que funcionan como diminutas depuradoras de la sangre. Riñones menos potentes empujan a la persona a la hipertensión en una etapa tardía. Los estudios han desvelado una geografía asociada a la gente pobre, a la insuficiencia renal y a los casos de ictus cerebral en la nación más rica de la tierra, Estados Unidos: los fallos renales son cinco veces más frecuentes en el Estado de Carolina del Sur, en especial en la población afroamericana, donde los índices de pobreza son más altos.

La revista PNAS, señala que "las madres que alumbraron en otoño y principios de invierno tuvieron acceso a buenos alimentos, fruta fresca y verduras durante la mayor parte del embarazo, mientras que las que parieron en primavera y principios de verano experimentaron largos periodos de nutrición inadecuada".
Sabemos también que hay señales hormonales, en particular la hormona del estrés, la cortisona, que atraviesan la placenta. Y que la madre probablemente altera su propia placenta, esencial para mantener con vida al feto. No sabemos cuáles son las señales precisas". Los culpables podrían ser la comida basura, "altos niveles de pan blanco, azúcar, patatas fritas, escasez de frutas y verduras, altos niveles de carne roja, bajos niveles de pescado, especialmente de pescado azul", según Hanson. "Y muchas mujeres son deficitarias en algunos micronutrientes, como el ácido fólico y algunas vitaminas".

Si la hipótesis de Barker apunta que un bajo peso al nacer se resume en más patologías futuras, esa consecuencia puede ahora aplicarse también a las dietas maternas excesivas, a las madres que ganan demasiado peso durante la gestación o que de por sí son obesas. Sus bebés obesos, indica Hanson, nacen con un exceso de grasas y con una salud futura comprometida. "Los problemas surgen en los dos extremos del espectro, madres que tienen una dieta desequilibrada y pobre, en la India rural o en China, o que lleva una dieta incorrecta y rica, como las madres norteamericanas o europeas".

Los estudios sugieren que un kilo de más en un recién nacido (cuya madre ha seguido una dieta equilibrada) podría suponer un descenso del riesgo cardiovascular entre un 10% y 20%, explica esta experta. Pero, en el mejor de los casos, una buena intervención nutricional durante el embarazo lograría aumentar el peso en el nacimiento tan solo unos 100 gramos, asegura Huxley, lo que se traduce en una disminución del riesgo de entre el 1% y el 2%. Por el contrario, se ha comprobado que mediante la modificación de la dieta es posible rebajar el colesterol LDL (que colapsa nuestras arterias) entre un 15% y 20%, y que los tratamientos farmacológicos logran rebajar sus concentraciones en un tercio. No estamos indefensos después de nacer. Hay margen de maniobra.

El ambiente es capaz de activar ciertos genes o desactivarlos (una rama de la biología llamada epigenética, aún poco conocida), y eso ocurre durante la gestación, tras el nacimiento, y en nuestra vida de adultos.

Los estudios sobre cómo el feto reajusta sus sistemas mientras está dentro de la madre pueden proporcionarnos las pistas para ajustar esos sistemas cuando seamos mayores. "Somos menos adaptables a medida que envejecemos", admite Hanson, "pero si dejas de fumar o sigues una dieta baja en carbohidratos vas a vivir más tiempo. Durante toda la vida, siempre hay algo que se puede hacer al respecto"